Pero entre tanto empezaba a aburrirme, el sol caía de lleno, ese sol de finales de julio, pensé también: estoy de vacaciones, estaba tan bien en Azeitâo, en la finca de mis amigos, ¿Por qué acepte este encuentro aquí en el muelle?, todo esto es absurdo. Y miré la silueta de mi sombra a mis pies, y también me pareció absurdo, incongruente, no tenía sentido, era una silueta exigua, acortada por el sol del mediodía, y fue entonces cuando me acordé: él fijó la cita a las 12, pero tal vez quería decir a las 12 de la noche, porque los fantasmas aparecen a media noche.
Me levanté y recorrí el muelle.
A las doce en punto, sin retrasos, llegué al muelle.
Las aguas eran diferentes, estaban tranquilas. El viento silbaba, chocando con la vegetación creando un sonido pacífico pero a la vez fantasmal. En el muelle abandonado sentía como los espectros me rodeaban. Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Entonces recordé ese sueño. El sueño en el que el protagonista de mi historia, el poeta muerto, me invitaba a un encuentro. Fue tan real que, como un niño me creí lo que soñaba.
Mis esperanzas se iban agotando. Cuando una ola repentina chocó contra el muelle. Dos gotas mojaron mis ojos, mientras que otras me empararon el cuerpo. El agua de mar no era salada tenía un gusto a azúcar, me relamí los labios. En ese momento las gotas que cayeron sobre mis ojos se transformaron en lágrimas, por el melancólico sabor. Entonces un espectro recobró vida del agua.
Estaba esperando el frio del miedo que recorre el cuerpo. Pero en cambio sentí paz y confianza en él. No podía hablar, el tampoco, cuando me di cuenta de que el viento ya no silbaba entre las hojas las aguas no se escuchaban.
Con un gesto el espectro me invitó al agua. Me invitó a renunciar, tenía miedo de lo que me esperaba pero mi vejez no me dejaba fuerzas para luchar. Utilicé mis últimas fuerzas y con paso tembloroso me lancé al vacio, con un fondo desconocido.
Sucedió, pude ver esa luz más brillosa que el Sol, llena de paz, esa misma luz al final del pasillo esa misma luz que ilumina el alma alumbrando las partes llenas de oscuridad. Sonreí y me reí, sabiendo que ella había llegado. La doncella más bella de todas, las que todos prejuzgan antes de conocerla. Cuando la nombran, todos se estremecen. La reina del mundo, La Muerte.
Realizado por: Victoria Metallo y Camila Crespo, 1° A.
Muy bien!! Ya les puse una nota, si quieren me preguntan en clase.
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